Pasear por los márgenes del Río Pirón y por los muchos pueblos que baña a su paso, es empaparse de arte y dejarse envolver por ese encanto y misterio del que hablan estos versos. Es sentir la voz callada de tantos siglos de historia en las piedras de sus iglesias y ermitas, y desde aquí queremos compartir un pedacito de su encanto dibujado en estas líneas, y animaros a acompañarnos en este paseo.
La voz callada de la historia
"Ven conmigo, compañero,/ tras cada piedra se esconden,/ miles de historias que el tiempo/ llena de encanto, de intriga,/ de leyenda, de misterio:/ ermitas y catedrales,/ iglesias y monasterios/ desperezarán para ti/ siglos de sueño y silencio..."
Todos estos lugares, que se fueron poblando en torno al río Pirón y sus afluentes, los ríos Viejo y Polendos, constituyen el ámbito geográfico sobre el que se localizan una serie de templos que dan entidad a lo que se ha venido a denominar "románico del Pirón", pudiendo localizar iglesias o ermitas de este estilo en cada uno de los pueblos de esta comarca, constituyendo uno de los conjuntos de arquitectura más denso de la provincia.
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El románico de estas tierras cercanas a la ciudad de Segovia es abundante y homogéneo, de carácter tardío y fechado entre los siglos XII y XIII, aunque a pesar de la homogeneidad existen diferencias, ya que esta zona, por su situación, se vio sometida a influencias de diversas corrientes.
Materiales
El material de construcción predominante en el románico del Pirón es la piedra de mampostería aunque algunas iglesias y ermitas tienen partes construidas en sillería o calicanto; las cubiertas de las naves son en casi todos los casos de madera.
Es frecuente el uso del arco apuntado y las ventanas pequeñas, estrechas y con pronunciado derrame al interior que podemos observar en la mayoría de los ábsides, como en el caso de Torreiglesias, Peñarrubias o Basardilla, donde curiosamente hay dos, el principal y otro de una capilla adosada.
El rasgo común y principal es la exuberancia de decoración floral y vegetal de sus portadas, con rosetas inscritas en círculos perlados con número variable de pétalos y las flores de aro de formas acorazonadas.
Una decoración que va, desde la sencillez de las portadas de Mata de Quintanar o Santo Domingo de Pirón, a la exquisita decoración de las de La Higuera, Tenzuela, Pelayos.
En algunos casos, como el de Villovela de Pirón el conjunto se encuentra tallado sobre un cuerpo saliente al igual que en la iglesia de Cabañas de Polendos donde éste está coronado por canecillos y además presenta dos figuras de buena talla en las enjutas, coronando una puerta que llama la atención por su altura y verticalidad.
En otros, sobre la portada se sitúa un tejaroz que protege la entrada como es el caso de la ermita de Peñarrubias de Pirón o la de Espirdo.
La portada que más se repite está formada por chambrana lisa o billeteada y tres arquivoltas, dos decoradas en sus frentes y la central labrada en grueso bocel que carga sobre columnas acodilladas.
Excepción
Una excepción es la portada de Torreiglesias, con cinco arquivoltas que decoran una puerta de dimensiones espectaculares que alcanza los seis metros de altura y conserva una talla de gran calidad.
Los capiteles, tallados con motivos vegetales y con decoración figurada en la que predomina el repertorio animalístico, representa leones, arpías, grifos, centauros, trasgos y aves, en muchos casos enmarañados por selva vegetal, de inspiración silense.
Es frecuente el tema del debate entre el bien y el mal como mensaje de salvación, el tormento de pecadores a manos de demonios y la representación de aves como símbolo de espiritualidad.
Como tema inédito en el románico segoviano encontramos en la iglesia de Pelayos del Arroyo un capitel del arco triunfal que representa "la despedida del caballero", recogiendo el momento en que el jinete es despedido por su dama cuando marcha a la guerra.
Canecillos y metopas decorados con rico repertorio de motivos vegetales, geométricos y figurados, adornan las cornisas de portadas y ábsides, convirtiéndose unas veces en motivo de contemplación sosegada por el buen estado de la piedra y otras, en ejercicio de imaginación para adivinar la decoración de las más deterioradas.
(Continuará …)