Paraguay llega a cuartos con tres empates y una victoria, pero en España fueron legión los suyos que dejaron huella: Lezcano, Re, Romero, Arrúa, Ocampos, Amarilla, Diarte, Fleitas, Benegas, Jacquet…
Cuartel general de la selección española en Sudáfrica. Ángel Villar visita a los jugadores y al resto del grupo. Comerá con ellos y tratará de infundir sumo cuidado a quienes, por otro lado, jamás han mostrado la menor falta de respeto al adversario. Las llamadas a la prudencia se repiten por todas partes. Paraguay se ha ganado por derecho propio el pase a cuartos, tras empatar tres partidos y ganar uno. No es el mejor de los resultados que exhiben los cuatro finalistas, pero eso a los guaraníes debe importarles un pimiento.
Hay que tener cuidado, o, al menos, el cuidado justo con los paraguayos. Lo advierte Grande, segundo de Del Bosque, que alaba su fase de clasificación en la zona sudamericana, “muy, muy cerca de Brasil y Chile”. Grande desgrana las virtudes del equipo, que tiene “a jugadores repartidos por todo el mundo” y, esencialmente, su carácter guerrero por emplear una metáfora descriptiva de los estados de ánimo y coraje de los paraguayos. “Siempre han sido, dice Toni, futbolistas aguerridos, físicamente fuertes, técnicamente buenos y que cuando se ponen la camiseta de su país muerden”. El presidente de la RFEF, que asiste a la charla, habla de su “gran coraje”. “Serán más peligrosos de lo que la gente cree”, añade el segundo del seleccionador, “aunque nunca faltan los teóricos que piensan que a los que no suenan tanto se les puede pasar por encima”.
Paraguay, una pequeña nación que siempre ha abastecido al fútbol de buenos jugadores y que ahora no lo hace menos. Alguien me dice que, probablemente, estarán satisfechos con su pase a cuartos de final y cansados con su prórroga y penaltis ante Japón, que les clasificó, pero las llamadas a la cautela se repiten. Grande, que tuvo como uno de sus mejores amigos futbolistas a un paraguayo que jugó con él en el Real Madrid, y que también lo fue mío, Sebastián Fleitas Miranda, vuelve a insistir en lo de la casta por si en el grupo de los que charlamos la confianza va más allá. Hablamos del que dicen fue uno de los mejores arietes de la historia del fútbol sudamericano, leyenda en Brasil y en todo el Continente, y cuyos restos van a devolverse o se han devuelto, Arsenio Erico. Pero hay muchos más y muchos de ellos pasaron por España y dejaron una huella profundísima: Lezcano, Re y Romero en el Elche soberbio de mediados de los sesenta; Saturnino Arrúa como Ocampos, Raúl Amarilla, el inolvidable y querido “Lobo” Diarte y hasta Chilavert, en el Real Zaragoza de los “zaraguayos”; el citado Fleitas, en el Real Madrid; Benegas y Jacquet en el Atlético de Madrid… Futbolistas con algo más que profesión. Con alma. Duros como rocas. Profesionales intachables. Sufridores en el campo.
Puede que con el paso del tiempo esta Paraguay haya cambiado, pero no me lo creo. Han echado raíces sus futbolistas en Colombia, España, Argentina, Bélgica, Italia…, así que algo deben tener las aguas de su fútbol cuando la emigración sigue latente. Puede que sean batibles, como todos, pero yo no me fiaría de ellos a pesar de la confianza que me produjo el extraordinario segundo tiempo del equipo contra la poderosa Portugal. Me fío lo justo de los paraguayos y menos aún de su entrenador Martino, un producto de esa escuela argentina de siempre que sabe obtener un gran provecho de equipos con apariencia de humildes y al que, además, el ex de Newell’s Old Boys parece haber transmitido parte de su genio, a veces difícil de soportar. Martino, siguiendo las extravagancias de otros entrenadores de fútbol, sólo da conferencias de prensa para los suyos o eso ha hecho hasta hoy, supongo que al desconfiar de los ajenos a los intereses paraguayos. Tiene fama, por cierto, de castigar mucho a los árbitros, pero aquí se paga caro eso. Ni pensarlo. Por ese lado no hay nada que temer. Ni por el de Chilavert que ve fantasmas arbitrales amenazando la integridad de los suyos. La misma monserga que sirve para todo: si pasas lo has hecho a pesar de él; en caso contrario, por él.
Pero hemos de dejar volar la ilusión, porque hay razones de peso para ello, así que lo hago. No es que estemos olvidando los recados de Grande, ni los gestos de reprobación cuando a Del Bosque se le dice que España es más que Paraguay, lo que habrá que demostrar, claro, sobre el campo, pero frente a Portugal en la segunda mitad vimos lo que no habíamos visto hasta ahora. ¿Y qué quieren que les diga? Eso, a mí, me ha puesto de tal ánimo que hasta he pasado de un gato negro que se ha cruzado por delante de nuestra “vanette” a las tres de la tarde. Dicen que sólo dan mala suerte hasta mediodía, pero yo tuve uno, “Morito”, ocho años y aún me acuerdo de él.