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El asno es un animal testarudo, y la mosca un insecto voluble: cuando un jumento ya no le conviene, pasa al que está a su lado. Este viernes en Puerto Elizabeth, la antigua fábula cobró más sentido que nunca.
Imperial, soberano y sereno durante 45 minutos, el asno azul brasileño dejó que las moscas del éxito saltasen en un instante a lomos del acierto de su rival. En tan sólo unos minutos, al regreso de los vestuarios, las tornas cambiaron por completo a raíz de un desafortunado testarazo de Felipe Melo. “En ese gol nos acompañó la suerte, y todo cambió. Llegó en el mejor momento para nosotros. A partir de ahí empezó todo, y nuestra seguridad creció hasta hacerse enorme. Entonces nos dijimos que íbamos a conseguirlo”, explica en exclusiva para FIFA Giovanni van Bronckhorst.
“Basta con ver la alegría del banquillo cuando igualamos para comprender que todo el grupo pensó que era nuestro día. No habíamos perdido la fe, porque sabíamos que podíamos ganarles, pero empatar tan rápido fue el factor desencadenante”, confirma a FIFA Arjen Robben. El extremo, al que Michel Bastos y el eje de la zaga auriverde mantuvieron a raya en el primer periodo, voló como una flecha por su flanco derecho quince minutos después de que el equipo lograse un providencial empate. En vísperas de esta reedición del choque de cuartos de final de Estados Unidos 1994, Dunga temía el viento de Puerto Elizabeth. Ahora puede maldecir el torbellino del éxito que impulsó a los Oranje en el segundo tiempo.
“Más confianza y ambiciones”
“En la primera parte desplegamos nuestro juego, pero en la segunda no fuimos capaces de hacerlo, no conseguimos mantener el nivel ni la concentración necesaria”, analiza el seleccionador brasileño. Juan así lo corrobora, y transmite un mensaje similar. “En dos jugadas aisladas nos faltó atención defensiva, y esos errores acabaron con nuestro plan de juego. En un partido como éste, dos instantes de relajación deciden el resultado”, lamenta el central.
En este histórico duelo de cuartos de final, en el que ambas naciones se cruzaban por cuarta vez en una Copa Mundial de la FIFA, Holanda supo esperar a que amainase la tormenta para eludir el obstáculo. Pero sin el fallo de Juan y una parada de Maarten Stekelenburg en un disparo de Kaká, el encuentro habría quedado prácticamente decidido antes del descanso. El capitán holandés, sin embargo, presintió la reacción de los suyos. “Al principio del partido estábamos nerviosos, y ellos jugaban muy bien. Pero al cabo de 30 minutos yo tenía la sensación de que ya habíamos enderezado el rumbo”, comenta el único neerlandés presente en la derrota en semifinales de Francia 1998.
Y para concluir, nos quedamos con las palabras de Robben, que confirma la ambición de un equipo invicto desde hace 24 partidos: “Al acabar la primera fase nos dijimos que teníamos cuatro finales por disputar. Desde el principio, el objetivo es llegar hasta el final. La única ambición, alzar la copa”. Y cazar también las moscas que volaban alrededor de los holandeses en las dos finales perdidas de 1974 y 1978...