Se abre de par en par el buzón de sugerencias para reducir el impacto medioambiental de la carrera. El objetivo es que los equipos del Tour actúen con corrección, pero se pretende que lo hagan en todos los frentes: la clasificación de residuos, el ahorro de papel, combustible, envases, etc. ¡Sin olvidar que está prohibido el lanzamiento de bidones!
Se abre de par en par el buzón de sugerencias para reducir el impacto medioambiental de la carrera. El objetivo es que los equipos del Tour actúen con corrección, pero se pretende que lo hagan en todos los frentes: la clasificación de residuos, el ahorro de papel, combustible, envases, etc. ¡Sin olvidar que está prohibido el lanzamiento de bidones!
Producto del ingenio de un siglo remoto, la bicicleta gana enteros de modernidad en un contexto general de preocupación medioambiental. El medio de transporte más limpio jamás concebido se convierte en el protagonista absoluto durante las tres semanas del Tour de Francia. Ahora bien, el acontecimiento en su conjunto se plantea estar a la altura de los ideales que representa la bicicleta. El Tour, comprometido con un enfoque responsable, se ha decidido a “tomar cartas en sus propios asuntos” para seguir reduciendo su impacto medioambiental.
Desde el punto de vista histórico, la causa de la reacción de los organizadores fue la conciencia de los riesgos medioambientales vinculados a la presencia de público. A principios de la década de 2000, el Tour comenzó a abordar la cuestión del tratamiento de los residuos generados por los espectadores. Echando la vista atrás, puede considerarse como hecho fundador el contacto con ARPE (siglas de la Agencia Regional de Medio Ambiente de la región francesa de Midi Pyrénées), que a su vez ayudó a todos los colaboradores a tomar las mejores decisiones posibles. Muy pronto, esta implicación de la zona pirenaica del recorrido tuvo como resultado un interés creciente por los envases ecológicos. En el marco de un acuerdo de colaboración, efectivo desde 2007, se puso en marcha un importante dispositivo de clasificación y recogida de residuos en las ciudades etapa. Este año, se complementará mediante el acuerdo con otra empresa especializada en el reciclaje y tratamiento de residuos, que intervendrá durante el recorrido de varias etapas.
Un amplio abanico de posibilidades
Al mismo tiempo, el replanteamiento a todos los niveles de la forma de actuar ha llevado a que varios equipos del Tour reduzcan el número y cantidad de los documentos publicados en papel. De esta manera, tras digitalizar las guías turísticas e históricas, por ejemplo, el volumen de consumo de papel ha descendido un 20 %. Asimismo, para el resto de documentos se ha decidido que la calidad del papel utilizado debe cumplir con los requisitos de la certificación Imprim’vert.
El siguiente paso necesario era ahondar en el proceso de reflexión sobre los métodos de trabajo. A la hora de preparar la edición de 2010, se ha explorado un amplio abanico de posibilidades para atajar, por ejemplo, el consumo de carburante, tanto en carrera como al margen del Tour. Se ha consolidado la idea de utilizar más el tren de alta velocidad que el avión para los programas “invitados”; se ha brindado formación a un centenar de conductores de la comitiva de carrera sobre conducción ecorresponsable; el replanteamiento de las necesidades de los equipos de la organización se ha saldado con una reducción del 5 % en el número de vehículos; la búsqueda sistemática de soluciones alternativas de transporte para los espectadores —entre otras, los coches compartidos— también ha dado sus frutos (sistema de lanzaderas en Arenberg y Spa, telecabinas en Ax 3 Domaines, telesillas en el Tourmalet, etc.),… Para otros aspectos, se cuenta con ideas que se implantarán con rapidez: es el caso de la norma de 160 g de CO2 por kilómetro autoimpuesta por el Tour y que ya recomienda a todos los vehículos acreditados, o la aplicación de una normativa más estricta para el embalaje de los productos distribuidos por la caravana publicitaria.
Lanzamiento de bidones: un gesto de consecuencias funestas
Los diferentes colaboradores mantienen conversaciones frecuentes sobre estas cuestiones, lo que no hace sino confirmar la existencia de una verdadera comunidad de valores en el mundo del Tour. El transportista oficial Norbert Dentressangle, implicado de forma directa, presume de la flota más moderna y austera de toda Europa: todos los camiones que prestan servicios de transporte para el Tour de Francia cumplen con la norma Euro V, es decir, la más exigente sobre emisiones de gases de efecto invernadero. Por su parte, Kleber, que estima en 1,2 millones de toneladas la reducción de emisiones de CO2 posible mediante el mantenimiento adecuado del nivel de presión de los neumáticos en el parque automovilístico francés, abre a diario un taller de inflado en el aparcamiento de la caravana publicitaria.
Por último, si el Tour, la carrera más importante del mundo, pretende emprender acciones concretas, lo cierto es que también debería tomar postura frente a los gestos simbólicos. La imagen del ciclista como vehículo de valores estéticos, de fortaleza mental y psíquica, de generosidad, en suma, queda empañada de inmediato cuando, por negligencia o por desidia, el campeón en cuestión arroja a la naturaleza un bidón de plástico que, o bien podía haberse guardado, o bien podía haber entregado al coche de equipo. Las consecuencias de este gesto son así de funestas. Ahora, el Tour de Francia condena dicho comportamiento: tanto el reglamento deportivo como el acuerdo alcanzado entre la ASO y los equipos incluyen medidas en este sentido. Además, el Tour estudia con la UCI todas las soluciones para evitarlo y establecer sanciones. Porque no hay nadie, dentro o fuera del pelotón, que deba permanecer impasible frente a las agresiones a la naturaleza.