3 / 07 / 2010

España hace historia y se mete en semifinales del Mundial

Marcar como favorita
SGD Segovia al día - RFEF

0-1.- Un gol de Villa abatió a la peligrosísima Paraguay, a la que frenó Casillas deteniendo un penalty a los 57’ y salvando un gol a los 88’. El choque fue extraordinariamente emotivo y no concluyó hasta el último segundo, en medio de una pasión difícil de contener.

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Permítanme, amigos lectores, que esta noche dé rienda suelta a mis alegrías; que se desboquen mis emociones. Permítanme, amigos que siguen esta web, que estas líneas escritas bajo el galopar de mi corazón, sean hoy más apasionadas que nunca, después de tantos años contenidas. A veces, más allá de la objetividad que se supone en quien escribe, y que más que eso es obligación, uno se ve en la necesidad moral de dar rienda suelta a los sentimientos. No volverá a ocurrir, pero un segundo tiempo como el que España ha vivido en el estadio Ellis Park y que mete al equipo en semifinales, de un Campeonato del Mundo, igualando, en el peor de los supuestos, su mejor resultado de la historia (cuartos en Brasil, 1950), conduce inexorablemente a eso. España ha batido a Paraguay tras un disputado y gris primer tiempo y de un segundo sometido a tantas pasiones que no me extrañaría que las taquicardias golpeen dentro de unos minutos a algunos de mis colegas de oficio, exhaustos, también, ante lo que hemos visto, en el que debe haber sido, sin duda, uno de los más de más emocionantes encuentros jugados nunca por España ante una formidable, digámoslo todo, Paraguay.

La victoria no ha sido una de tantas. No ha sido una más. Lleva hasta donde lleva y ha sido producto de un trabajo general salpicado de momentos estelares a nivel individual. Villa ha vuelto a marcar, pero su gol, el del triunfo, ha llegado con un suspense que no habría mejorado ni el mismísimo Hitchkock. Ha entrado Iniesta por el centro a los 83’, ha pasado a Pedro, que había sustituido hacía poco a Alonso, y éste se ha plantado ante el buen cancerbero Villar, pero su remate, el “¡¡¡gol!!!” que se cantaba lo ha evitado la madera. Si no hubiese rondado por allí el “Guaje” Villa es más que probable que nada hubiese pasado. Pero estaba el asturiano. Villa ha recogido el esférico y ha rematado. Otra vez la madera, pero ahora el poste izquierdo, ha devuelto el esférico, que se ha ido, de nuevo, al derecho para acabar en el fondo de la red. Un temblor colectivo ha recorrido el cuerpo de los miles de seguidores españoles al comprobar, que finalmente, el “Jabulani” descansaba donde debía. Pero no todo ha concluido ahí. No; no todo. Con el marcador adverso, Paraguay ha buscado con tanto ahínco la igualada como España ampliar el marcador. Los dos han tenido oportunidades, pero la más clara, la más peligrosa, la que podía habernos devuelto al sufrimiento, a los miedos, ¿por qué no decirlo?, a la cruda realidad de un empate la ha evitado Casillas a los 88 minutos, al detener magistralmente un disparo de Santa Cruz, que se había plantado ante él en posición clara de gol. Era el epílogo, casi, a un choque dramático, cargado de altísima tensión porque había mucho en liza, irrepetible, se lo aseguro, por más que no haya sido el mejor de España, contenida en la primera mitad, pero mucho mejor en la segunda.

La épica tiene un bien ganado lugar en la historia del fútbol español. Durante más de noventa años, desde los Juegos de Amberes hasta hoy, ha estado presente en el transcurrir del equipo nacional. Unas veces ha conducido a triunfos imborrables; otra no ha sido suficiente, pero no será fácil de olvidar. Los destinos del equipo nacional se han visto, pues, frecuentemente sometidos a las pasiones que genera tener que ganar un partido y tratar de hacerlo contra los vientos del rival y las mareas del infortunio. Esta noche, en el estadio Ellis Park, esos vientos han soplado nuevamente de cara contra el equipo, que se ha enfrentado a un rival al que se tenía por menor y que ha resultado un tremendo escollo y que podrá decir, también, a su vez, que la suerte le ha sido esquiva. Probablemente no sea así. Su desgracia ha tenido, sin embargo, nombre. No ha sido el azar, sino un hombre que en los momentos más difíciles suele estar ahí. Es verdad que al penalty que ha detenido Casillas ha seguido inmediatamente el que Justo Villar le ha parado a Xabi Alonso (al que el colegiado mandó repetir el que había marcado y que no señaló otro acto seguido a Cesc), pero también es más que probable que si las manos y el cuerpo de Iker no hubiesen volado al disparo raso de Cardozo todo hubiese tomado otro rumbos.


El partido ha confirmado, sin embargo, que una de las asignaturas que se debaten hoy en las aulas de los países que deben jugar contra España es como hacerlo. Hasta la fecha, casi todos esos congresos han dado minúsculos resultados. Frente al tiki taka se han probado toda suerte de remedios: tratar de robar el balón al equipo español, darle espacios y cerrarse, jugarle o amenazar con jugarle a la contra, hacerlo de tú a tú. Puede que en secreto hasta se hayan planteado fórmulas magistrales de las que deben saber muy pocos porque su empleo no ha fructificado. A veces, sin embargo, pasan cosas como lo que pasó ante Suiza; en otras, el enemigo, previamente advertido, emplea las que tiene con tanta aplicación que entorpece las del equipo, rivaliza con él y hasta llega más veces. Convengamos que no es frecuente, pero que sucede. La aguerrida Paraguay de siempre entorpeció enormemente el fútbol de España en el Ellis Park de Johannesburgo durante muchos minutos a base de fortaleza, rapidez, anticipación y fortaleza física. Había pasado en otras ocasiones. La presión se ejerció de forma feroz sobre Xavi, como casi siempre, e Iniesta. Eso forma parte del protocolo. Su empeño les dio tanto resultado a los paraguayos que, además de sobresaltar a ratos a Casillas, se fueron al descanso con muchas llegadas al borde del área de España, pero ningún peligro concreto, salvo un remate lejano de Xavi a los 28 minutos de juego. Se mire como se mire una llamativa sorpresa. Era más que comprensible, por tanto, la alegría con la que los guaraníes se retiraron a la caseta los paraguayos al concluir los primeros 45 minutos. No sólo habían maniatado a España hasta más allá de lo que sucede con regularidad, sino que incluso se habían permitido hacer un gol (en fuera de juego señalado y, por tanto, bien anulado) e incluso poner cerco al marco de Casillas con diligencia, vehemencia y poco tino.

La segunda mitad ha sido lo que les cuento en el encabezamiento de esta crónica, escrita a vuela pluma, que diría un clásico, crónica gozosa de un día histórico que no olvidaremos pase lo que pase, ocurra lo que ocurra. Y no quiero volver a ponerme sentimental.


Ficha técnica.

Resultado. Paraguay, 0; España, 1 (Villa) .

Goles. 0-1 (83’). Iniesta inicia una jugada, abre a Pedro, que remata al poste derecho de Villar, recoge Villa, que dispara, el balón golpea en el poste izquierdo y en el derecho, y acaba entrando.

Equipos.

España: Casillas; Ramos, Piqué, Puyol (Marchena, 84’), Capdevila; Busquets; Iniesta, Xabi Alonso (Pedro, 75’), Xavi Hernández, Villa; Torres (Cesc, 56’).

Paraguay: Villar; Verón, Da Silva, Alcaraz, Morel; V. Cáceres; Santana, Barreto (Vera, 63’), Riveros, Valdez (Santa Cruz, 72’) ; Cardozo.

Árbitro: El colegiado guatemalteco Carlos Batres. Anuló un gol a Valdez a los 18 minutos por fuera de juego, previamente marcado por un linier. No señaló otro a Cesc tras el segundo lanzamiento de Xabi Alonso. Amonestó a Piqué en la jugada de su penalty, a Cáceres, Alcaraz y Morel.


Estadio.- Ellis Park de Johannesburgo. Lleno, con miles de españoles en las gradas. Asistió al encuentro el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky.

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