5 / 07 / 2010

Homenaje de respeto a Iker Casillas

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SGD Segovia al día - RFEF

Los que habían dudado sin ninguna buena fe del capitán habrán comprobado que sigue por donde solía, es decir, en lo más alto del oficio

Algunas de las imágenes más emocionantes de la historia reciente del fútbol español están directamente ligadas a determinados jugadores. Más allá de la importancia absolutamente trascendental del grupo que hace posibles a los individuos suele ocurrir que éstos aparezcan en momentos especialmente luminosos que llevan al éxtasis a millones de aficionados. Uno de esos jugadores es Iker Casillas, cuya trayectoria profesional está repleta de triunfos.

Una de las noches más apasionantes que el fútbol español ha vivido en muchísimos años fue aquella de la que España salió hacia la final de la Eurocopa 2008, en el Ernst Happel Stadion de Viena. Enemigos tradicionalmente enconados, españoles e italianos libraron una batalla épica que llevó a todos a la tanda de penaltis. Las tandas de penaltis son una rueda en la que cuentan muchísimas cosas. No es sólo cuestión de suerte. Ferenc Puskás, el maravilloso jugador húngaro que reinó como goleador irrepetible en el mejor Real Madrid de la historia, recomendaba lanzarlos rasos, si era posible, y con la máxima potencia posible. “No hay quien los pare”, decía. La fórmula la explotó hasta que su tripa convirtió al llamado “coronel galopante” de la maravillosa selección húngara y del inolvidable Honved de Budapest en don Pancho. Puskás, gran comedor y bebedor, y uno de los mejores rematadores de la historia sin duda alguna, también falló algunos lanzamientos.

Tirar un penalty no debe ser fácil, aunque a todos nos lo parece. Los guardametas se han avivado una barbaridad y tienen consejeros que dicen saber por donde van a ser lanzados. Pepe Reina es uno de ellos. Dicen que le señaló a Iker por donde iba a ir el de Cardozo y Casillas le hizo caso. Fue un lanzamiento no demasiado ajustado a los palos, pero fuerte. El riesgo era blocarlo, que es una tendencia que los porteros no aplican mucho en este Mundial, quizás porque este “Jabulani” les resulta incómodo. Iker, sin embargo, no sólo intuyó por donde iba a ir el esférico, sino que acabó acunándolo contra su pecho. El partido se ganaría, después, con otra serie de aciertos, con el pase de Iniesta a Pedro, el remate del tinerfeño, el balón de vuelto por la madera que fue a pies de Villa y acabó entrando, tras golpear, insólitamente, en los dos postes, y con el tremendo esfuerzo general de todos, pero si hubo algún momento en el que empezamos a estar en semifinales fue en ése.

Casillas ya había vuelto locos de contentos a millones de españoles aquella noche vienesa en la que firmó en el momento más oportuno la mejor actuación de su carrera, que las ha tenido a montones y decisivas, por cierto. Aquel día vienés de junio, el capitán de la selección supo advertir por donde quería meterle el cuchillo en la cintura Di Natale y por donde pretendía hacerlo De Rossi. Iker voló hacia la izquierda, como en el estadio Ellis Park, frente a Paraguay, en el primer lanzamiento y después hacia la derecha, en el segundo. Su memorable actuación hizo posible que un grupo insuperable de futbolistas se viera las caras con la peligrosa Alemania en la final. La de Johannesburgo saca billete para el mismo partido, pero de más alto rango, semifinal del Mundial, ante un equipo al que él mismo califica como el de las próximas décadas y que a mí me dejó boquiabierto ante Argentina. Lo confieso: es la mejor selección alemana que he visto en muchos años. ¿Y qué?

El triunfo de Casillas acalla las miradas perversas y maliciosas que se le dirigían por razones que nada tienen que ver con las obligaciones que cada cual debe cumplir en su trabajo. No resulta sorprendente que haya ocurriendo sabiendo que somos como somos, aunque fuera injusto, ventajista y, desde mi personal, muy personal, punto de vista, absolutamente fuera de lugar e incluso indecente. Así que no entendiendo aquello me alegro por esto. Por Casillas, que ha acallado miradas obsesionadas y murmullos reprobables, y porque, además, lo que haga bien Iker irá en beneficio de la selección española de fútbol.

Como ocurrió en junio de 2008 en Viena y en julio de 2010, en Johannesburgo.

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