5 / 07 / 2010

Vivimos un instante irrepetible

Marcar como favorita
SGD Segovia al día -RFEF

Hay que saborear la semifinal en lo que es, en lo que supone, porque es un suceso trascendental y único en la historia, así que no pensemos que Alemania es invencible. No lo fue hace dos años



Paul Breitner y Günter Netzer, bregador infatigable, el uno, y arquitecto, el otro del gran equipo alemán que ganó la Eurocopa de 1972 y el Mundial de 1974, han advertido a las tropas que siguen a su cuerpo de ejército, es decir, a sus aficionados, que desconfíen de España. En 2008, horas antes del encuentro de la final de la Eurocopa 2008, el segundo de ellos había tratado de frenar la euforia de los hinchas germanos, señalando que “España es más que Alemania”. Breitner, que no tenía nada que ver en lo futbolístico con Netzer y que era, y supongo que sigue siendo, diametralmente opuesto en lo personal, acaba de decir que “el favorito es España, que es el que tiene mejor fútbol”. Toni Grande, segundo de Vicente del Bosque y que llegó al Real Madrid al poco de irse ellos, afirma que “es la mejor Alemania que he visto en muchos años”. Poseen, según él, “juventud, profundidad, ambición, llegada y elaboración, mucha elaboración de jugadas”. Pero, ¿qué significa eso? En las horas previas al enorme choque que le espera a la selección todo son cábalas. Es lo natural. Lo único que puede esperarse. Echamos cuentas. Pensamos en si los alemanes van a seguir atacando como han hecho hasta ahora o si van a jugarnos con prudencia porque nos tienen mucho respeto, que nos lo tienen, como le ha dicho Camacho a Orfeo Suárez (El Mundo). ¿Vamos a enfrentarnos a un rival alertado por el pasado reciente y los recelos que eso genera o a un equipo crecido tras su espectacular 4-0 a Argentina y ante el que se han rendido sus medios de comunicación, minimizando, de paso, a España? Ya hizo eso un diario argentino y saben lo que ocurrió. Su selección, candidata indiscutible para ellos, se pasea ahora por Corrientes 348, segundo piso, ascensor.

Debo admitir que comparto la admiración de Grande por Alemania, lo que no significa en absoluto que eso suponga que no es un equipo batible. Lo consiguió Serbia en un encuentro en el que no les dejó maniobrar como pretendían y en el que puso sumamente nervioso a su vacilante Neuer, el apolíneo guardameta de su selección. Con los respetos debidos, las enormes distancias que marcan los tiempos y las diferencias latentes entre ambas selecciones, me cuesta encontrar, no obstante, una Alemania como la de ahora, salvo que retroceda en los tiempos hasta la del período 1972/1974, años en los que ganó, respectivamente, la Eurocopa y el Mundial. Breitner y Netzer estaban en aquel formidable grupo que cautivó al mundo (más aún el del 72 que el del 74) y me parece que ahora aconsejan prudencia por el respeto a que, naturalmente, está obligado todo aquel que se enfrenta a los españoles, pero con la boquita pequeña. La aparición fulminante de algunos jovencísimos talentos alemanes (Oczil, Khedira, Müller) y el reforzamiento de Schweinsteiger, todos ellos en una zona tan espectacularmente clave (lo es también para nosotros) como el medio campo, le han dado no sólo un vuelco a lo que era la Alemania más reciente, sino que nos han ofrecido, y no hay por qué negarlo ni aquí ni en ningún sitio, la visión de una formidable selección. Pero no pensemos que es invencible, aunque sea distinta, porque no lo fue hace dos años.

La transformación del equipo de Jochim Löw no causa ningún desasosiego en la selección española, que sigue paso a paso con sus planes de preparación y en la que el extraordinario ánimo es una constante no perturbada por la incuestionable importancia del encuentro que afrontará pasado mañana el equipo nacional. La serenidad con la que los jugadores han acogido un suceso histórico de proporciones desconocidas podría sorprender si no fuera porque es la constante de un colectivo que tiene perfectamente asumido lo que es el fútbol y lo que puede esperarse de él. Extramuros de los muros de ladrillo de su cuartel general me parece, sin embargo, que aquí, en Sudáfrica, se ha medido con obsesiva cicatería el hecho de haber llegado hasta donde se ha llegado y de estar a un paso de un acontecimiento al que nunca se ha asomado una selección nacional (hay que insistir siempre que el cuarto puesto del Mundial de 1950 se obtuvo en una liguilla frente a Uruguay (2-2), Brasil (1-7) y Suecia (1-3) desde hace 60. Mis certezas las alimentan quienes consideran más las formas que el fondo de lo que resulta incontestable. En palabras de Grande: “Un Mundial es un asunto diferente, en el que hay que ir partido a partido y en el que lo que cuenta es el final”.

Mientras España prepara su gran cita y la búsqueda de entradas se desata en lo que es una perfecta respuesta a un suceso que será muy difícil de repetir y que puede ser mejor de lo que es, la selección ata en corto sus emociones como si no ocurriera nada. Eso es bueno, pero sabemos que no es así. Sabemos que les atenaza la presión y la responsabilidad como no podría ser de otra manera. Y que, esencialmente, están decididos a seguir mejorando la historia en este bellísimo momento que vive el fútbol español, ya, señores, ya entre los cuatro mejores del mundo y que sólo los mayores de 70 años recuerdan. Ocurrió en Brasil en 1950. Dos goles de Estanislao Basora estuvieron a punto de batir a Uruguay (2-2 final) en el primer encuentro de la ronda final. Luego llegó el varapalo ante Brasil, que iba para campeón y se quedó con la boca abierta, y, finalmente la derrota (3-1) ante Suecia con un equipo desvencijado en lo moral y quebrado en lo físico. Fue bonito y es historia. Y ahora estamos en situación de mejorarla. Vivimos, pues, un instante irrepetible que debemos saborear. Saborear con deleite porque, al menos hasta ahora, es único.

Segovia al día • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2012 • Todos los derechos reservados.
POWERED BY FOLIOePRESS