6 / 07 / 2010

España: El gran día está llegando

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SGD Segovia al día - RFEF

La enorme serenidad de Vicente del Bosque produce un efecto balsámico. Su “tenemos que ser ambiciosos, pero inconformistas” me lleva, ¿qué quieren que les diga?, a la confianza y fe en ella que esta selección se ha ganado a pulso.


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El gran día ha llegado. Llevábamos esperándolo toda la vida y ya lo tenemos aquí. Siempre pensamos que iba a ser muy difícil, pero que podríamos afrontarlo guarecidos en casa, al abrigo de todos, entre los nuestros, disfrutándolo con la familia y los amigos, unidos todos en un estadio o en torno a un televisor, pero el gran día nos pilla a orillas del Océano Indico, ¿quién se lo podía imaginar?, en Durban, una ciudad sudafricana con escasos antecedentes futbolísticos y, eso sí, un soberbio estadio, en el que España perdió su primer encuentro de la Copa Mundial 2010 ante Suiza, que no nos trae buenos recuerdos, por tanto, pero que vamos a volver a intentar tomar al asalto.

En Durban, con más de un 20% de su población de origen hindú, expatriados por los colonos ingleses de la India para cultivar caña de azúcar, España tratará de escribir mañana la más importante página de su historia. Dará igual el lugar si lo consigue o no, pero es aquí, frente a playas de aguas templadas por el Océano, paraíso de surfistas y de tiburones (nos han ofrecido incluso una excursión para nadar junto a ellos, no en una jaula cerrada, que las hay, sino entre las barracudas, ofrecimiento que hemos desechado sin pensarlo ni un segundo, como comprenderán), donde la selección va a librar el partido más importante de sus 90 años de historia. Un encuentro que presenciará Su Majestad la Reina y que confirma los grandes lazos que unen a la Casa Real con el fútbol, con la selección y con la RFEF.

Nos hallamos, pues, en el mejor momento en el que podíamos encontrarnos, después de cinco partidos de altísimo riesgo y de una carrera en la que no han faltado momentos de sobresalto. Un Mundial no es un asunto tan baladí como para creer que todo se desarrolla con normalidad, que la lógica se impone fácilmente y en el que las sorpresas no tienen cabida. Al contrario. España pagó su billete, y no estuvo lejos de ser a gravísimo costo, al caer, precisamente, en Durban frente a Suiza en el primer encuentro de la fase final, partido del que se recuperó para ganar los cuatro siguientes a Honduras (2-0), Chile (2-1), Portugal (1-0) y Paraguay (1-0). Esos cuatro triunfos han conducido a una situación absolutamente desconocida en nuestro fútbol cual es la disputa directa de una semifinal (no fue tal en 1950) que situaría a España a la altura de su mejor posición de siempre, aunque se den los dos peores supuestos: que pierda el encuentro de mañana y el de la consolación (lucha por el tercer y cuarto puesto). Visto así podríamos pensar que todo está resuelto, dicho y escrito. Pero no es así.

España se aloja frente al mar en Durban como no podía ser menos en una oferta hotelera que se precie. Durban es una ciudad hispanófila y, especialmente, además, entre el sexo femenino y de origen hindú. La razón está en que el fútbol que se sigue a este lado de Sudáfrica eminentemente el inglés (Premier League), de ahí que en las gradas se hayan visto miles de no españoles con camisetas rojigualdas de adidas (lanzada, me dicen, a una carrera de ventas sin precedentes) y numerosas, y guapas, jóvenes con carteles alusivos a su orden de pasiones, que suele centrarse en Torres, pero que también alcanza a Cesc. Mañana, sin embargo, miles de españoles llegados desde todas partes y que ya pasean sus colores por la ciudad serán los que vivan un suceso trascendental que hasta ahora nadie ha conocido. Conviene que nos tomemos el pulso y reflexionemos sobre eso, porque, sencillamente, es así. Vamos a ser testigos de un hecho excepcional en la vida de un fútbol riquísimo como el nuestro.

Pero como toda prueba de grandeza, el partido tiene su trampa y la trampa se llama Alemania, la Alemania a la que sólo nos hemos enfrentado en una ocasión en un Mundial (Inglaterra, 1966, con derrota, 2-1, el 20 de julio, en Birmingham). Es verdad que cuando empezamos a hacer cálculos de posibilidades llegamos a la fácil conclusión de que para ser campeón del mundo uno debe derrotar a los mejores, claro que sí, pero, en este caso, la Alemania que se nos viene encima parece el rival más fuerte de los temidos. Es probable que sigamos todos impactados por su forma de pasar como una apisonadora por encima de los pibes de Maradona, y antes, por encima de los de Capello (Inglaterra), pero es lo que hay y no podemos evitarlo. España se enfrentará en su gran día a una formidable selección que mezcla el talento de unos pocos veteranos (Friedrich, Lahm, Mertesacker, Klose) con el que se anuncia como esplendoroso futuro a corto de una generación de magníficos talentos jóvenes (Boateng, Khedira, Müller, que no jugará contra España, Ozil, Podolski…) de tal modo que han convertido a un equipo que era aspirante cualificado, como tantos otros, en mucho más que eso.

Ir más allá que eso no parece que sea ni conveniente, ni justo, ni razonable. La última vez que Alemania vio las caras de España vio como, al final, levantaba la Eurocopa, en Viena. El partido será muy distinto de aquel, pero con ambos jugando a lo que más saben: velocidad y contragolpe alemanes y toque español. No se ve otra cosa, ni lo espera Vicente del Bosque, con el que he charlado en privado unos minutos después de comer, y que afronta el partido con una serenidad que te deja perplejo. Vicente cree que el partido está “al cincuenta por ciento de posibilidades” y asegura no sentir en estos momentos una presión que vaya más allá de “la enorme responsabilidad que tenemos de intentar ganar y mejorar nuestra clasificación”. “Yo estoy relativamente tranquilo. No sufro más preocupación que la de cumplir con nuestra obligación y con rendir con ello una prueba de enorme respeto y afecto a todos los españoles que confían en nosotros. Tenemos que ser ambiciosos e inconformistas”.

Debo confesar que la tranquilidad de Del Bosque ha mejorado mi recelo hacia el partido y que la ha mejorado más que si me hubiera tomado siete miligramos de cualquier tranquilizante al uso. “Tranquilo como durante casi todo el Campeonato”, ha añadido el seleccionador, que debía verme más que medio azorado. Vicente estima que “Alemania es un gran equipo que tiene a uno de los mejores jugadores del Campeonato, Schweinsteiger”, aunque ha recalcado, también, que “a mí me ha gustado Messi, que no ha tenido fortuna con el gol”. Cuando yo le hablo de Villa como ése futbolista a elegir al finalizar el Torneo, Vicente me recalca que “ésos, sin contar con los nuestros”.

Pero hay que contar con los nuestros, que son 23, que son piña, que han superado una tremenda adversidad en la derrota ante Suiza, elevándonos hasta donde estamos y les aseguro que nos da gloria encontrarnos en Durban, donde España decidirá mañana ante un fortísimo rival en que queda su paso por el fatigoso Mundial 2010 (siete partidos en 25 días, moviéndonos de un lado hasta otro, pasando por Durban, Johannesburgo, Pretoria, Ciudad del Cabo, Johannesburgo, otra vez Durban, y aún nos esperan Porth Elisabeth, tercer y cuarto puesto, o, de nuevo, Johannesburgo, final, en esta larga carrera hacia una gloria que no conocemos, pero que, esta vez así, tocamos con los dedos, justificadamente convencidos de la grandeza de un equipo que tiene todo lo que hay que tener para batir al más pintado como lleva haciendo regularmente desde hace más de tres años y medio para asombro del mundo.

Así que apretemos los puños y demos rienda suelta a nuestra esperanza. No es gratuita. Procede de los orígenes de una fuente inagotable de fútbol que desde finales de 2006 no ha hecho otra cosa que proporcionarnos los mejores resultados que conocemos.

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