9 / 07 / 2010

Del Bosque: "Vamos a intentar rematarlo en la final"

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SGD Segovia al día - RFEF

El seleccionador entiende la euforia desatada por la victoria. “Es comprensible, dice, que la gente sueñe con lo mejor y que disfrute de estosmomentos”.



Potchefstroom, el día siguiente a la gran noche de la historia del fútbol español. Los jugadores del finalista gozan de unas horas de descanso. No todos salen del bautizado “monasterio” del equipo nacional. Eso sí, los teléfonos no cesan de sonar o de llamar. Es la mejor hora de la selección a lo largo de más de 90 años de vida. Es la hora de la gloria, la de buscar entradas como sea para la final sin mirar el precio, la de apresurar los viajes a Sudáfrica, las de llamar a amigos de los amigos de los amigos para conseguir un asiento en el estadioe. Ochocientos cincuenta y pico euros categoría 1. Pero no importa. Lo que importa es estar el domingo en el Soccer City de Johannesburgo.

Ya estamos donde queríamos, donde nos hemos trabajado estar, donde habíamos soñado durante años, años y más años. En el séptimo cielo, que diría Ángel Villar. Y, sin embargo, la serenidad de Vicente del Bosque y de sus colaboradores no parece haberse alterado. No sé lo que sienten en lo más íntimo, pero da la sensación de que están tranquilos, como si no hubieran hecho nada, que es seña de identidad de este magnífico grupo, de tal modo que no sorprende que el seleccionador, protegido por una sombrilla, no cese de responder al móvil. “¿Cuánta gente le ha llamado para felicitarle? “¿Cuánta?”, le pregunto. “Mucha, mucha”, me dice y hablamos de un amigo común que siempre que le llama cita el fútbol de la selección española como si fuera el único buen aspecto de nuestro país, “que tiene, además, muchas otras cosas buenas, naturalmente que sí”, señala el salmantino.

No es fácil entender como Del Bosque respira la tranquilidad que respira, pero entiendo que no es una apreciación, sino la realidad tangible de quien ha vivido muchos triunfos y asume éstos con absoluta serenidad, entendiendo que el fútbol es lo que es y pese a la excepcionalidad de algunos de ellos. Así que cuando le pregunto si vive el momento más feliz de su vida lo único que hace es un gesto de imperceptible asentimiento. Al instante suena otra llamada, que habla de lo mismo: lo primero, felicitación por el inmenso éxito; lo segundo, saber como se puede llegar a la final. Vicente atiende con su amabilidad de siempre y recomienda una opción.

“Vamos a ver si rematamos el Mundial”, prosigue el seleccionador, mientras a su alrededor Pedro Cortés, uno de los delegados del equipo; Toni Grande, su segundo, y Paco Jiménez, otro de los técnicos, continúan pegados al teléfono. Le digo que ojalá, naturalmente, pero que tras la exhibición ante Alemania empiezo a percibir un hiper optimismo que, yo, que soy sumamente puntilloso en esto, entiendo que puede ser peligroso. “Es lógico que la gente esté ilusionada y que disfrute de estos momentos. Lo entiendo. Vamos a tratar de responder a la confianza que tienen en nosotros con otro ejercicio de responsabilidad”. Vamos a ver si lo rematamos, en definitiva.

El enorme partido de España ha dejado un poso de felicidad difícil de contener. No obstante, lejos de casa, aquí lo vivimos todos con la sordina que impone el alejamiento. Sabemos lo que está pasando, pero el grupo transmite tal sensación de normalidad que parece que no nos hallemos ante un suceso de dimensiones históricas gigantescas, y digo gigantescas, lo cual es sumamente bueno. Por eso cuando le pregunto al seleccionador por la inexistencia del medio campo alemán, y, en especial, de sus dos figuras, Oezil y Schweinsteiger, Del Bosque me contesta que “era difícil que jugaran bien porque les tuvimos muy presionados, muy presionados”.

No es el día para los análisis exhaustivos, pero ya se le ha planteado si el gol fue una jugada de estrategia, iniciada por un jugador del F.C.Barcelona, Xavi, y finalizada por otro, Puyol, atacando desde atrás a la barrera de dos zagueros situada por delante de los dos centrales y de los dos alemanes pegados a los postes. El seleccionador ha admitido tal influencia, que es inevitable cuando un equipo tiene siete jugadores en un equipo, aunque también ha resaltado la presencia y los valores de todos y cada uno de los demás miembros del equipo. Nunca encontraremos en el seleccionador un resquicio que pueda dañar a alguien. Reconoce, también, y lo dijo después del partido, que “fue dura de tomar la decisión de dejar fuera del once inicial a Torres”, que había sido titular hasta entonces. Pensó que frente a la defensa alemana era mejor tener a Villa en el vértice del ataque y a Pedro por fuera, se la jugó y acertó plenamente. Pero, ¿y si hubiera salido mal todo? ¿Qué estaríamos diciendo ahora? ¿Cuántas llamadas pidiéndole entradas habría recibido?

El sentimiento de admiración hacia el seleccionador es unánime. El grupo de periodistas, entre los que los había más y menos entusiastas de él, se ha hecho uno o lo parece. Una trayectoria impecable desde la derrota ante Suiza y un esplendoroso partido frente a la más poderosa Alemania que se preveía han convencido incluso a los que la tarde del traspiés ante los helvéticos hicieron asomar el cañón de sus pistolas. Al acabar el partido me encuentro con Luis Aragonés. Tiene la cara radiante. Está feliz, ¿por qué no?, ¿a qué viene eso de que no? “Me abraza. “¡La que hemos liado estos cuatro años!”, me susurra radiante. Luis se retira y señalándome me apunta a que “ayer, en la previa del partido (ahora habla como un periodista) dije que el toque acabaría con la rapidez”.

Estamos en la final. El sueño se ha hecho realidad. Más del 88% de los españoles que ayer veían televisión en nuestro país estaban enganchados al fútbol.

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