Con la experiencia que dan los años, pero con la mirada brillante que sólo tienen los apasionados por su trabajo y los jóvenes aventureros, Luis Vázquez, codirector del curso Marte y sus enigmas, reflexiona sobre el presente y el futuro de la carrera espacial y del ambicioso proyecto de investigación que tiene al inquietante planeta rojo en el punto de mira. Las investigaciones recientes se han centrado en la búsqueda de agua y, obviamente, de vida; pero las incognitas de Marte no terminan ahí, aún hay muchas preguntas que responder. De fondo, se mantiene vivo el sueño de pisar algún día la superficie marciana.
¿Qué sabemos sobre Marte y qué esperamos encontrar?
Un asunto que ya está cerrado es la existencia, tanto presente como pasada, de agua en el planeta. Se trata de una condición indispensable para la existencia de la vida. Otro asunto capital es la búsqueda de vestigios de vida del pasado o formas de vida elemental en el presente. Éste es el punto de referencia de las investigaciones. Si encontrásemos alguna evidencia, se completaría la revolución que se inició en el Renacimiento, cuando se pensaba que la Tierra era el centro del Universo y se demostró que no era así. Ahora mismo creemos que la Tierra es el centro de la vida, pero nunca se sabe.
¿Estamos preparados para interpretar y asimilar este tipo de hallazgos, en el caso de que se produzcan?
La premisa básica es partir de lo conocido a lo desconocido, de lo que funciona a lo que no funciona. En cualquier investigación que se realiza debemos comparar los descubrimientos con aquellas cosas que conocemos. De momento, sólo conocemos las formas de vida que hay en la Tierra y, de encontrar otras, deberíamos compararlas con la nuestra. Es difícil definir lo que es la vida pero sabemos que para que exista, deben darse ciertas condiciones previas: existencia de agua, una fuente de energía, almacenaje y conversión de información, etc. No sé si alcanzaremos a entender alguna vez lo que es la vida o si encontraremos otras formas nuevas. De lo que sí estoy seguro es que ese proceso de búsqueda no va a traer más que beneficios y nuevos desarrollos conceptuales.
No es fácil aunar los esfuerzos e intereses de tantos países en proyectos tan complejos y caros como el de la exploración de Marte.
No es fácil, pero es necesario. Podemos comprobarlo con muchos de los ponentes del curso Marte y sus enigmas: Zhao Hua, de China; Ashley Stroupe y David McKay de Estados Unidos; Ari-Matti Harri, de Finlandia; Sergei Alekshaskin, de Rusia; o Ana Keating, en representación de la ESA (Agencia Espacial Europea). Lo que es un hecho es que la aventura de llegar a Marte necesita de la participación de varios países, tanto por el coste como por el desarrollo científico y tecnológico que exige una misión de estas características. Algo así sólo puede afrontarse si contamos con el concurso de varios implicados. Ya no es posible acometer la situación como se hizo con la carrera espacial por llegar a la luna de los años sesenta, entre rusos y americanos. Por otra parte, hay muchos problemas conceptuales que resolver. Además de temas de índole tecnológico, como el aislamiento de la radiación de los habitáculos, por ejemplo, hay que pensar en los problemas psicológicos de los hipotéticos tripulantes, de las personas que se aventuren en un viaje a Marte. Ahora mismo se están realizando experimentos con personas que viven aisladas en entornos similares al que encontrarían en Marte, para poder asimilar un viaje así. Pensemos que se trataría de seis meses de ida y otros tantos de vuelta. La dimensión psicológica de un vuelo así es complicada.
La administración Bush se comprometió a relanzar los proyectos de investigación de la NASA, pero la crisis obligó a Obama a relativizar ese compromiso ¿Es algo que puede llegar a afectar al proyecto de Marte?
Creo que lo que ha hecho Obama es redimensionar el proyecto, pero en absoluto se ha renunciado a la exploración de Marte. De hecho, ahora se plantea una misión conjunta ESA-NASA para el año 2016. Lo que ocurre con los programas de investigación espacial actualmente, tanto en el caso americano como en el restro de países del mundo, es que se han modificado las coordenadas. Una de esas coordenadas es la intervención de las empresas y los capitales privados. Otra, como he citado antes, es la aparición y participación de varios actores y no sólamente de dos, como ocurría en el pasado. Esto obliga a un replanteamiento global, aunque la idea que permanece latente, la frontera, es el año 2030 en todo aquello que atañe a la llegada del hombre a Marte. En relación con esto hay que dejar claro que no estamos hablando para nada de ciencia ficción. Si echamos la vista atrás, comprobaremos que el primer vuelo tripulado al espacio fue en el año 1961 y que el presidente norteamericano Kennedy lanzó el reto de llegar a la luna antes de la finalización de la década de los 60. En menos de nueve años se logró, con sólo un antecedente de vuelto tripulado. Actualmente contamos con muchas más misiones que ya han ido a Marte y mucho más tiempo hasta la fecha de referencia, por lo que no es descabellado pensar que lleguemos allí.
Proyectos intrépidos, como los de Robert Zubrin, de “terraformación” y colonización marciana ¿restan credibilidad a otras iniciativas?
En absoluto. La ciencia ficción es la realidad de pasado mañana. A principios del siglo XIX pensar en ir a la luna era algo sólo al alcance de escritores del género como Julio Verne, por ejemplo y, sin embargo, es ya un hecho. La ciencia ficción y la imaginación han ido e irán siempre por delante de nosotros. La videoconferencia holográfica, que muchos vimos en Star-Trek, es casi una realidad. Vivimos, a mi entender, un período de crisis en el que no encontramos ideas que nos permitan solucionar los problemas. Y quizás soy demasiado optimista pero , en innovación, investigación y desarrollo vivimos un momento muy parecido al que se vivió en el Renacimiento, cuando las ideas se alzaban por todas partes, como los hongos, casi sin tiempo para asimilar los avances.
¿Podría poner un ejemplo?
La computación y encriptación cuántica, que es un campo que ya se está desarrollando y que hace pocos años era algo inalcanzable.
¿Qué obstácuios se pueden encontrar en el camino?
Me preocupa especialmente que, en el período actual, el sistema no sepa canalizar la cantidad de conocimientos y entusiasmo que tiene una generación que ha estudiado muchísimo. Hay dos cosas que no se pueden recuperar en esta vida: el entusiasmo y el tiempo. Contamos con una importante cantidad de gente entusiasta a la que hay que tratar de aprovechar.
¿Es imprescindible la audacia en la investigación espacial?
En este, como en otros muchos campos de la investigación, te mueves entre la imaginación, que aspira a llegar a las nubes, y los pies, que deben permanecer en el suelo. Es como estar entre el Ying y el Yang. Así como la imaginación es muy buena para crear escenarios, a veces, para resolver muchos problemas, hay que conservar cierto grado de frialdad.
¿Cuál es la utilidad de una hipotética llegada del hombre a Marte?
La evolución de la especie humana es un proceso de computación paralela, no secuencial. Me explico: cuando Arguiñano hace una receta no espera a terminar el primer plato para ponerse a cocinar el segundo. Sucede igual con el espíritu inquieto del ser humano, que acomete muchas cosas simultáneamente. No puede saberse si un avance será más aprovechable que otro. Si no se investiga, no se llegará a ninguna parte.