Segovia sólo cuenta con tres retablos del siglo XVI; en el Monasterio del Parral, el Convento de San Francisco en Cuéllar y en la Iglesia San Juan Bautista de Carbonero el Mayor. Este último brilla con luz propia tras un importante trabajo de restauración. Motivo de orgullo entre los vecinos de esta localidad, que se ha trasladado a las páginas de un libro. Una invitación para acercarse en detalle a esta joya y a este municipio situado a menos de treinta kilómetros de la capital.
Una de sus joyas al detalle: el retablo de la iglesia parroquial de San
Juan Bautista![[Img #1852]](upload/img/periodico_nownews003/img_1852.jpg)
La historia afirma que a “Carbonero se le bautizó así porque en este lugar se fabricaba carbón vegetal (leña quemada por combustión incompleta). La abundancia de encinas con las que se elaboraba hizo que adquiriese gran fama. La palabra “Mayor” se añadió posteriormente, para diferenciar a este pueblo de otros cercanos, como Carbonero de Ahusín”.
Los cronistas sitúan el origen de Carbonero el Mayor en la era medieval.
“La primera noticia documentada habla de ‘Carbonero de Liedos’. Se trata de un Plan de distribución de rentas entre el cabildo catedralicio de Segovia fechado en 1247. No hay duda de que éste es ‘nuestro Carbonero’ pues en las rentas que se asignan por cada pueblo que aparece en el documento, Carbonero de Liedos, muestra un mayor potencial que el otro Carbonero, Carbonero de Agosin, lo que refleja a su vez una mayor potencia demográfica. Esta situación no variará dando lugar con el tiempo, a la denominación de Carbonero la Mayor”. Pertenecía a la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, dentro del Sexmo de Cabezas.
Otro momento importante nos lleva al siglo XIX, que resultará aciago para Carbonero el Mayor. “Entre 1800 y 1803 se da una peste de alcance desconocido y entre 1804 y 1805 rebrota la epidemia volviendo a hacer mella en la población. En esta situación llegan los ejércitos franceses y el orden impuesto se altera surgiendo partidas rebeldes como las del guerrillero del Bustar, Esteban Pastor López”.
El autor del libro “Retablo de San Juan Bautista”, Fernando Gimeno, recuerda que de sus edificaciones, “destacan sus famosas torres, mástiles de un gran barco que surca las ondulantes tierras segovianas”. Aunque vamos a centrar nuestra atención en la iglesia parroquial, en Carbonero el Mayor también hay que destacar el Palacio de los Señores del Sello, del siglo XV. “Fue rehabilitado sin tener en cuenta el mantenimiento de la estructura primitiva y actualmente está ocupado por las dependencias de Caja Segovia en su planta baja y el resto por la residencia de la Congregación de las Hermanas de Acción Parroquial”.![[Img #1851]](upload/img/periodico_nownews003/img_1851.jpg)
La iglesia parroquial de Carbonero es un conjunto en el que se observan huellas de tres estilos arquitectónicos: románico, gótico y barroco. “El gótico es el más vistoso. Se utilizó la piedra caliza de la zona. Abarca la parte de las naves del templo. Presenta planta tipo basilical de tres naves nerviadas donde la altura y la anchura de la nave central es mayor que las colaterales”. La parte barroca es una ampliación a lo ya existente del románico. Se trata de un crucero a los pies del templo, que fue coronado con una cúpula. Esta ampliación supuso un cambio de orientación, decidiéndose trasladar el retablo al nuevo altar mayor. Un dato que ayuda a comprender la fuerte vinculación y cariño de los vecinos de Carbonero hacia el retablo, ya que a pesar de la fuerza de la moda de los retablos barrocos, ellos decidieron no encargar uno nuevo.
Durante el proceso de restauración de la iglesia, en el año 82, ya hubo peticiones para que se trabajara sobre el retablo. El Ayuntamiento consiguió finalmente su propósito y el proyecto fue asumido por el Instituto del Patrimonio Español, que también se hizo cargo de la financiación. Fernando Gimeno esboza una sonrisa al recordar aquellos años, que culminaron en julio del año 2001. Afirma que fue muy positivo que las labores se llevaran a cabo dentro de la propia iglesia, que las capillas fueran utilizadas como talleres y la casa parroquial como almacén. Las tablas se quedaron a escasos metros de su lugar habitual, conservándose las mismas condiciones ambientales.
Esa cercanía le permitió hablar de tú a tú con estas joyas artísticas y poder admirar y observar de cerca cada uno de los detalles que ha reflejado en el libro. En sus primeros trabajos sobre el retablo tuvo que echar mano de los prismáticos y la cámara fotográfica de Benito Herrero. “Hicimos diapositivas y luego en casa pude hacer nuevos descubrimientos como la identificación de Santa Eulalia”. Aunque los avances más significativos en su estudio han sido gracias a la restauración. Así ha podido constatar que los autores del retablo eran personas que tenían unos grandes conocimientos sobre lo que pasaba por Europa. Fernando Gimeno resalta que la obra fue realizada en el mismo periodo en el que se estaba construyendo la Catedral de Segovia. Los datos apuntan a que fue terminado entre 1547 y 1548, aunque el último pago, de 1214 maravedíes, se entregó más de diez años después, según los datos encontrados en el primer libro de fábrica de la iglesia.
Fernando Gimeno recuerda que “las pinturas de las tablas del retablo de Carbonero el Mayor muestran su origen o influencia claramente flamenca e italiana en las proporciones de las figuras, su realismo, sus paisajes, tanto urbano como rurales, y su paleta cromática”. El retablo esta formado por veintiuna tablas, divididas en cinco cuerpos y cinco calles. En la predela, en la parte de abajo, están representados los cuatro evangelistas; San Juan, San Mateo, San Marcos y San Lucas, además del espacio dedicado al sagrario.
En el primer cuerpo, se encuentran las historias principales de este retablo. Son cuatro tablas separadas por la hornacina que acoge la imagen de San Juan Bautista. En ellas se plasma la vida del santo titular de la parroquia; “La predicación del Bautista”, “El Bautismo de Jesús”, “Baile de Salomé” y “La Degollación del Bautista”. En la calle central, justo encima de la figura del Bautista, se representan escenas de la vida de Jesús; concretamente la Transfiguración, la Flagelación y la Crucifixión.
A ambos lados de la calle central, en los cuerpos segundo y tercero, las pinturas recogen las escenas del abrazo ante la puerta dorada; Santa María Magdalena (patrona de los arrepentidos); Santiago el Mayor (patrono de los peregrinos); San Bartolomé (patrono de los curtidores y peleteros); Santa Águeda (patrona de las nodrizas); San Miguel Arcángel (con grandes similitudes con el San Miguel que aparece en el tríptico de la Catedral, realizado por Benson); San Lorenzo (patrono de carboneros y cocineros) y un obispo predicando.
En el cuarto cuerpo, presidido por la Crucifixión, encontramos los martirios de Santa Catalina (defensora de la religión) y Santa Eulalia (invocada para proteger y facilitar los partos). En los extremos, dos bellos medallones que llevan esculpidos el Ángel y la Virgen de la Anunciación. El retablo se completa, en la parte más alta de la calle central, con la figura del Padre Eterno. A los lados, dos veneras (conchas semicirculares).
Fernando Gimeno advierte al espectador de algunas curiosidades: podrá encontrar algunos rostros repetidos en distintas escenas; la indumentaria siguiendo los cánones de los judíos, en los personajes que presiden los martirios; los ricos vestidos de las mujeres; bandadas de pájaros en las tablas con paisajes a cielo abierto y cantos rodados, en las escenas con suelo. También destaca que los autores fueron dibujantes de una gran categoría ya que están realizados los trazos con pincel sin que se hallan observado prácticamente errores.
El retablo de San Juan Bautista es una de las tres muestras que existen en la provincia de Segovia del siglo XVI. En los retablos del Paular y San Francisco de Cuéllar, los gastos corrieron a cargo de importantes familias. En cambio, en Carbonero, no existió ningún mecenas exterior, el encargado de hacer los pagos, por un importe total de 255.000 maravedíes, era el contable de la iglesia. Un libro lleno de curiosidades, una buena excusa para pasar una agradable jornada visitando este municipio segoviano.