¡Crac! La madera del somier cruje cuando te sientas en el borde de la cama y es el sonido de una noche en vela, dando vueltas sin conseguir postura, sintiendo que el colchón se hunde como si fuera de algodón de azúcar. Imagina que esa incomodidad es una molestia para huéspedes de gran envergadura, pero también es la cruda realidad de un sector que, tradicionalmente, ha sido ignorado por años.
Viajar debería ser igual a placer, a descubrimiento, pero hay quien necesita un colchón de 160 kilos. Para esas personas, el miedo a que la cama se rompa, el malestar de una espalda destrozada o la vergüenza de tener que pedir cambios de última hora son situaciones que pasan con mucha frecuencia. Pero ahora, el panorama está cambiando para que nadie se quede fuera.
El turismo inclusivo es, sí o sí, una necesidad, y el sector hotelero está despertando de un letargo muy largo ¡Ya es momento de que también formes parte de los grandes dueños de negocio que piensan en todas las necesidades de sus clientes.
El peso de una buena noche incluye un buen colchón
Cuando se habla de adaptación en hoteles y casas rurales, quizá puedes pensar en rampas o baños accesibles. Pero la inclusión va más allá, porque también llega a las tallas grandes, debido a que el 80% de los turistas considera que la calidad del descanso es un factor muy importante para repetir estancia ¿acaso no volverías a un lugar en donde has sentido que pensaron en ti hasta en el último detalle?
Para un huésped de complexión ancha, una cama estándar puede generar mucha ansiedad. Los colchones de muelles tradicionales se hunden con el peso corporal, creando un "efecto hamaca" que desalinea la columna y provoca dolores de espalda bestiales. La solución está en materiales específicos: las espumas de alta densidad (HR o High Resilience) o la viscoelástica reforzada.
¡Ajá! Son colchones para personas de 160 kilos que no se hunden ni se deforman con el uso.
Características de un descanso seguro y feliz
¿Qué debe mirar un hostelero para no errar el blanco? No vale cualquier colchón, porque aquí la regla para un descanso de calidad en cuerpos voluminosos es: poca profundidad de hundimiento, pero mucha densidad. Así lo verás más claro:
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Núcleo HR de alta resiliencia: esta es la base, la que necesita una espuma lo bastante gruesa que ofrezca un soporte firme y seguro, esto impide que el torso se hunda en exceso
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Viscoelástica de calidad: si se usa una capa de confort, esta debe tener una densidad mínima de 50-60 kg/m³ para que, al recibir el calor y el peso, no colapse ¡A dormir a pierna suelta!
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Refuerzo perimetral: los bordes deben estar reforzados para que puedan sentarse sin que la cama se rompa, facilitando la movilidad del huésped.
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Capacidad de carga: es importante verificar que la base o el somier aguanten el peso específico. Un buen somier debe tener una capacidad de carga de entre 200 y 300 kg para ir sobrado..
Apelar a la hospitalidad sin talla
Grandes cadenas hoteleras están liderando el cambio y hace poco, Accor lanzó un proyecto pionero en Brasil para la inclusión de personas de todas las tallas. No solo hablamos de batas o albornoces de talla grande (plus size), sino también de muebles reforzados, camas con estructuras anchas y robustas, y cabezales adaptados.
Este movimiento, llamado "Hospitality has no size" (La hospitalidad no tiene talla), demuestra que la tendencia mundial es hacia un diseño más inclusivo. Si hoteles como el Pullman están adaptándose, las casas rurales y hoteles boutique deberían seguir el ejemplo para no quedarse rezagados.
Ir más allá del dormitorio
La experiencia del cliente empieza en la reserva y es un gesto chulísimo y necesario que la web del hotel permita filtrar por "habitaciones adaptadas para tallas grandes". Al llegar, el huésped notará el cariño en los detalles:
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El cuarto de baño: inodoros altos y platos de ducha amplios o con asiento integrado. Los asideros no son solo para personas con discapacidad; ayudan a ganar estabilidad.
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El mobiliario: sillas de comedor sin brazos (más anchas) o butacas tapizadas con una estructura metálica robusta.
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El albornoz y toallas: ¡suelen ser un problemón! Nada más frustrante que estos huéspedes se duchen y que la toalla no cierre o la bata apriete. Incluir albornoces de talla grande en el armario es un detalle pequeñito que se valora como un tesoro.
¿Y los precios? Una inversión que merece la pena
Es cierto que un colchón viscoelástico de alta densidad para 160 kg tiene un coste más elevado que uno de gama baja (rondando los 600-800 euros en adelante), pero hay que verlo como una inversión a largo plazo. Estos colchones tienen una vida útil mucho más larga porque no se deforman.
Mientras un colchón barato de 200 euros se hunde al año, un colchón XXL de calidad ¡te dura una década! Para un hotel, el cálculo es lo más, porque es mejor pagar por un producto duradero que cambiar las camas cada temporada.
Adaptarse y mejorar es igual a calidad
El turismo inclusivo es el futuro, y en el presente ya es un avance. Los hoteles y casas rurales que se tomen en serio la adaptación de sus instalaciones para huéspedes de hasta 160 kilos estarán abriendo la puerta a un mercado fidelísimo y con alto poder adquisitivo. Hospedarse, debería dejar en los viajeros una experiencia que deseen repetir y recomendar.
Si eres dueño de un hotel y quieres que tus huéspedes se lleven un recuerdo para contar y no una lesión de espalda, quizá debas echar un ojo en tus habitaciones. Garantizar un descanso óptimo para cuerpos de gran volumen no es complicado si eliges los materiales adecuados. Al final, que un cliente se vaya contento es el mejor negocio del mundo, y eso empieza por darle una buena noche de sueño.






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