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Merrick Wells
Martes, 9 de mayo de 2017

Partidismo o patriotismo? Por qué May ha cambiado su postura

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Las elecciones anticipadas son curiosamente, aunque no exclusivamente, un tótem británico.

Traducción de Antonio Tudela

 

“Una semana es mucho tiempo en política”. Se trata de una cita de Harold Wilson que muchos politólogos gustan de emplear en tiempos de cambio en el panorama político. La velocidad en el cambio de los acontecimientos ha sido tórrida en el último año. Se ha comenzado a sentir que el núcleo del drama geopolítico va más allá de Reino Unido, la Unión Europea y sus debates basura. Los acontecimientos en Siria, la península de Corea e incluso las fotos del hijo de Donald Trump con la equipación del Arsenal han generado bastante más atención. Theresa May podría tomar la oportunidad de respirar hondo y permitirse un corto período de calma, ¿no?

 

¿No?

 

Las elecciones anticipadas son curiosamente, aunque no exclusivamente, un tótem británico. Muchos países cuentan con sistemas que permiten que se convoquen las elecciones antes de que finalice el mandato del Gobierno, pero el acto de brutalidad de Theresa May de esta semana es la madre de todas las elecciones anticipadas. May aturdió a todo el mundo cuando anunció las elecciones y pronunció una declaración sobre la falta de unidad en Westminster para conducir e impulsar la agenda de Brexit. Los comentaristas entraron en acción, la puerta se tiró abajo y el cerrojo constitucional de fijar el plazo parlamentario había arruinado a la izquierda. ¿Cómo podría la oposición rechazar la oportunidad de tomar el poder en las urnas sin ser tachados de débiles? Un segundo referéndum, de facto, supuso el llanto y lamentación por parte de muchos activistas políticos experimentados. Suaves lágrimas de resignación fueron derramadas. Los activistas están cansados, la política de Inglaterra ha estado en una implacable campaña durante diez años y es en estos exhaustos voluntarios locales en los que descansa la llave del poder.

 

El sistema británico de representación es uno de los más efectivos cuando proviene de la representación local. La población vota en su localidad por un individuo que los represente en el Parlamento. El Gobierno es formado por el partido que consiga la mayoría de esos representantes. La política electoral exige que los miembros del Parlamento sean responsables ante sus votantes a nivel local. Su trabajo no es sólo en la legislatura central, sino también de manera significativa en el área local. Los representantes deben estar a disposición de la población local y plantear las propuestas y defender las preocupaciones de éstos en su nombre. Un diputado local eficaz puede ser reenviado al Parlamento una y otra vez independientemente del partido al que esté afiliado. En efecto, las campañas son atendidas por voluntarios locales, no para lograr un objetivo nacional como tal, sino para elegir un adalid local. Este representante de distrito es uno de los aspectos más positivos del sistema británico, el problema es que las leyes que gobiernan el gasto electoral se construyen alrededor de campañas locales en vez de ser gastos nacionales, y los partidos están teniendo cada vez más difícil montar campañas locales eficaces, ya que su número de voluntarios es cada vez menor. La ley electoral británica fue promulgada en 1695 y se fueron usando principios considerados crímenes, adoptados en 1800 con respecto a pagos tales como “el treating”, donde los candidatos comprarían efectivamente votos proporcionando regalos como comida o bebida. No era extraño que los votantes fueran intoxicados mediante regalos alcohólicos, proporcionados por los candidatos, antes de las votaciones.

 

Promover al partido nacional es un gasto nacional, promover al candidato local es un gasto local, y las partes que escribieron las reglas que delinean ambos gastos, en 2009, están ahora encontrando formas tortuosas de evitar el techo de gasto y así ocultar este gasto extra en gastos de campaña nacional para formar campañas que involucren a la gente, llegar a ellos y averiguar a quién van a votar, o incluso animarlos a votar directamente. El sistema, en general, proporciona parlamentarios eficaces y dedicados que trabajan incansablemente para los constituyentes, independientemente de la afiliación partidista, pero las reglas sobre el gasto no fueron diseñadas para una era de medios de comunicación digital, ¿corre el riesgo la política británica de perder esta elegante representación local ajustando los límites legales victorianos al gasto de campaña?

 

En 2015 parecía cada vez más claro que estas reglas estaban, al menos, corruptas, e incluso rotas o ignoradas de un modo flagrante. El peor, presunto infractor había sido el Partido Conservador, quien recibió las acusaciones de un considerable sobregasto en su contabilidad creativa en alrededor  de 24 escaños. Los estrategas de campaña y un autobús cargado de voluntarios fueron enviados por todo el país para promocionar el mensaje de que todos los listados son un gasto nacional. Todavía cuando esta gente está promocionando al candidato local, la campaña local está pagando de manera efectiva sin declarar su coste. ¿Por qué es esto un problema? ¿Por qué es esto algo que a cualquiera que no sea estudioso de la política o contable de ella le concierne? Simplemente, ponga en el parlamento una mayoría conservadora, cuando actualmente tienen 12 escaños.

 

La perspectiva de tener dos docenas de parlamentarios acusados del crimen de fraude electoral y la potencial agitación venida de las elecciones parciales, que casi seguramente erosionaría la mayoría del gobierno, era un riesgo demasiado grande. Por convocar elecciones generales May probablemente tendrá que convencer de que puede ampliar su mayoría y sustentar cinco años de un mandato sólido y seguro. Nada que hacer respecto del Brexit, nada que hacer respecto de la unidad. Nada que hacer respecto al bien del país. Simple conveniencia, a la antigua, de la política de partido.

 

Así que la campaña se puso en marcha con un primer gran punto de debate, la estrategia del Partido Conservador es, una vez más, la de jugársela todo a una mano en un intento de anular la amenaza del UKIP. La facción anti-UE recibe presiones hostiles y es atacada recientemente desde todos los flancos, pero han aumentado en una marca de 4 millones de votos en toda la nación respecto de las elecciones de 2015 y parecen comportarse más como un grupo de presión hacia un cambio político que como un partido político, y todo esto con unos asombrosos resultados. (Véase el Brexit) No importa si ganan algún escaño, incluso ni en junio, lo que importa es si obtienen menos votos que la última vez para fortalecer la narrativa de la decadencia y la falta de propósito. En las líneas abiertas en programas, en los muros de Facebook y en las columnas de los periódicos abundan los partidarios del UKIP que dicen que están votando a los conservadores e invitan a sus “hermanos” a hacer lo mismo, para asegurar un Brexit seguro. Huele a campaña de relaciones públicas, a guerrilla de marketing, un mantra para introducir en la mente de las personas la semilla que debe ser plantada antes de que se descongelen los ataques respecto del fraude electoral.

 

El Partido Laborista está experimentando bandazos de inclinación hacia la izquierda en respuesta a la senda centrista trazada en los años de Blair. Las elecciones de 1983 vieron un genuino liderazgo socialista en el Partido Laborista hacia un desastre generacional de resultados. Su manifiesto fue denominado “la más extensa nota de suicidio de la historia”. Si las encuestas han de ser creídas, Jeremy Corbyn, el actual acosado líder laboralista, está en camino de conseguir un resultado que haría parecer el de 1983 como algo digno de celebrar. Su partido está en una rebelión abierta y horriblemente dividida en una dañina batalla, encapsulada simplemente como una división entre un partido parlamentario “Blairista” y una membresía general fuertemente socialista. Corby claramente apela a sus militantes más dedicados, pero para ganar las elecciones debe, como todos los partidos políticos, extender su apelación al núcleo de los votantes, y esto parece altamente improbable. Mientras tanto los Demócratas Liberales (quienes hace unos pocos años estaban en coalición de gobierno y actualmente no pueden ni formar un equipo de futbol con su número de diputados, son rechazados por primera vez por la generación que los encumbró al poder mediante una promesa de revertir la impopular política de deuda de la matrícula de la universidad, una promesa que fallaron a la hora de llevar a cabo) prometen ahora revertir el Brexit. Una promesa que parece altamente improbable que puedan llegar a cumplir. Podrían beneficiarse de la tormenta perfecta del fervor anti-Brexit, la desesperación anti-Corbyn y la franja del voto táctico, pero, para cualquiera de los dos partidos, vencer al Partido Conservador supondría un “despertar”, que requeriría someterse a las leyes de la realidad electoral.

 

Se añade más intriga con el Partido Nacionalista Escocés. En el último recuento obtuvieron prácticamente cada escaño en Escocia, y nada remotamente cercano a ese impresionante estándar garantizaría la oportunidad de un Gobierno Laborista en Westminster. Las matemáticas son claras, los laboristas necesitan una gran victoria en Escocia para ganar el poder. Cómo votará el PNE en comparación a 2015, si un número significativo irá a la deriva hacia otros partidos o se quedará en su bando es algo que nadie puede adivinar, pero la narrativa de déficit democrático envuelve al PNE, incluso si no refleja el clamor popular. Una peligrosa paradoja respecto del poder en manos de Escocia y la oposición a Westminster permite que el PNE tenga su pastel y lo devore, y no está nada claro cuánto tiempo puede esta circunstancia mantenerse firme.

 

Cuando añades a la mezcla un tempestuoso e impredecible comportamiento en el Norte de Irlanda y el desentendimiento respecto de las mareas de popularidad de los conservadores en Gales, y le añades el toque final de una elección local completa al Condado, el 4 de mayo, a mediados del período de la Elecciones Generales, los politólogos ingleses están tratando de hacer el llamamiento a las elecciones en una de las más volátiles circunstancias desde… desde… bueno, ¡desde siempre!

 

Se espera una estrategia de los conservadores que sugiera suficiente vulnerabilidad como para asegurar a sus fieles, a la vez que codician el voto de UKIP. El peligro del éxito de los laboristas debería ser suficientemente plausible como para ahuyentar a los votantes hacia los brazos conservadores. La noche de elecciones de 2017 será un drama que pervivirá largo tiempo en la memoria. Si se vuelve en un anti climax salpicado por escándalos locales o un derrumbamiento de proporciones sísmicas, aún es pronto para decirlo.

 

La política, como siempre, es un desagradable y brutal juego sucio, pero nosotros seguimos observando, porque en los siguientes días los marcadores se habrán movido otra vez y sangre fresca será derramada. Si la multitud clama con aprobación u observa exánime en otra dirección, inmóvil debido a la tragicomedia que todo esto supone, es la siguiente gran pregunta. La gente de Inglaterra está frustrada y cabreada y ahora van a ser llamados a las urnas una vez más. Un electorado furioso es también un electorado impredecible, y esto lo convierte en un espectáculo fascinante si se ve a una distancia de seguridad, como desde aquí en España. Las ramificaciones sin embargo, en este año de elecciones en Francia y Alemania en condiciones igualmente impredecibles, serán enormes.

 


Merrick Wells   |   Traducción de Miguel Trujillo
Original publicado en el Diario Español de la República Constitucional | diariorc.com
 
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