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Juan Luis Gordo
Viernes, 23 de junio de 2017

Del asalto al cielo, al infierno

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"Algunos, entre los que me encuentro, echamos en falta en el discurso del PSOE una mayor diferenciación de su proyecto reformista y socialdemócrata frente al de Podemos".

Si algo ha dejado claro la moción de censura presentada por Podemos es que Pablo Iglesias está hoy más cerca del infierno que del asalto a los cielos. Y lo que es peor: se ha roto un mito. Su discurso hueco de casi tres horas de duración -lo que dijo con 20 minutos hubiese sobrado- ha dejado al descubierto sus vergüenzas parlamentarias. Lejos de ser un intelectual, lo que vimos fue a un parlamentario que cuando se sale de su discurso victimista y repleto de descalificaciones se queda sin papel. Sin ideas y bloqueado en las réplicas, le noqueó Rajoy, que estuvo a punto de dejarlo KO, pero también Ribera y Ábalos. Su compañera de escaño y "valida" le superó en frescura y habilidad, a pesar de su innato estado de agresividad y desconfianza permanente hacia todo lo que no venga de Podemos. E incluso con cara circunspecta aguantó una de las más duras críticas que una persona puede recibir cuando la diputada de Coalición Canaria de forma indirecta la calificó de "sumisa".

La moción estaba planteada a destiempo y tenía como finalidad proyectar la imagen política de Podemos y de la pareja que lo lidera, aprovechando los momentos de dificultad por los que atraviesa el PSOE. Los objetivos de Podemos estaban claros. Primero convertir a su partido en el referente de la oposición de la  izquierda; segundo diferenciarse del PSOE y vapulearlo; y tercero demonizar al PP y presentarlo como el partido que realmente es: "el partido de la corrupción". No les ha salido bien la jugada. La moción fue concebida y anunciada pensando que Susana Díaz ganaría las primarias de su partido. No fue así, lo que ha debilitado sus planes y les ha complicado mucho su intención de acaparar la izquierda, cuando Pedro Sánchez ha desarrollado su acción durante este tiempo en el campo de juego que ellos consideran que tienen el monopolio. Y, en ese sentido, el portavoz del PSOE hizo un discurso prudente y respetuoso con Iglesias y Podemos, a pesar de recordarle su abyecta táctica hacia el PSOE en este tiempo.

Algunos, entre los que me encuentro, echamos en falta en el discurso del PSOE una mayor diferenciación de su proyecto reformista y socialdemócrata frente al de Podemos, ya que el primero tiene vocación de gobierno y el segundo de oposición. Es el único "pero" que se puede poner, agravado por el hecho de que el señor opositor en su última réplica fue a buscar al portavoz del PSOE  para darle la mano y así conseguir la imagen gráfica de los medios -lo que consiguió-, y el mensaje de que PSOE y Podemos son la misma cosa.

Rajoy replicó de forma no esperada a la portavoz de Podemos. Y a pesar de que la vapuleó desde el primer momento, la ha hecho grande. Su agresividad y la mansedumbre del candidato en esta ocasión chocaron con la ironía, los reflejos parlamentarios y el cainismo del presidente del Gobierno. No tuvo piedad con ellos. En algún momento parecía  que estaba haciendo el trabajo al PSOE. Pero no; estaba jugando a su favor, y además les ha dado alas mediáticas y notoriedad, como perseguían. En los próximos días se publicará la percepción de los ciudadanos y sin ninguna duda ya les anticipo que darán como ganado a Rajoy. En las réplicas, Iglesias dio muestras manifiestas de que asumía el rapapolvo y manifestó su impotencia y agradecimiento hacia un Rajoy que salió a recuperarse de la mala situación que atraviesa el PP después de los últimos casos de corrupción conocidos y del varapalo del Tribunal Constitucional con su amnistía fiscal. Se da la paradoja que los populares una vez más despliegan una batalla virtual contra un monstruo que ellos mismo han creado, y gracias a ello han conseguido confundir y dividir a la izquierda y es posible que mantenerse en el poder durante mucho tiempo.   

El resultado fue el esperado. Los 82 votos favorables alían a Podemos con Bildu y ERC que sólo tienen como objetivo romper el Estado, y un Compromís pizpireta que una vez más demuestra no tener claro dónde está. Pero ante todo ha quedado claro que Podemos carece de un proyecto político para gobernar España. Está en la política de "golpes de efecto" mediático y de ensimismamiento de sus líderes. Un cáncer para la izquierda de este país y una bicoca para la derecha. Los aplausos continuados y orquestados de su puesta en escena, y las camisas blancas y ropa clara de sus diputados con la que acudieron al hemiciclo para transmitir que son puros y limpios es un gesto simbólico pero no suficiente para dar la talla política.

Podemos ya está reclamando una nueva moción de censura para el nuevo periodo parlamentario. Saben que no tienen mayoría ni ellos, ni el PSOE, si no cuentan con los votos de Ciudadanos. Les da igual. Saben que la gloria del camino al infierno también les sirve para alcanzar notoriedad aunque degraden la figura de la moción de censura y eleven al PP a los altares y ellos se aúpen al ostracismo político. Los ciudadanos no cuentan.

 


Juan Luis Gordo es diputado del PSOE por Segovia
www.juanluisgordo.es

 

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